¿Alguien se puede imaginar a Steve Jobs en su oficina haciendo una búsqueda de cursos para saber cómo se construye la carcasa de un móvil? ¿o a Bill Gates asistiendo a una formación sobre “diseña un packaging rompedor”?

La experiencia vs los discursos vacíos

Y sin embargo cuantas personas emprendedoras invierten horas y horas en aprender cómo hacer cosas que no forman parte del propósito real por el cual están en el proceso de emprendimiento.

Uno de los mejores consejos que me dieron cuando empecé a gestionar equipos y desarrollar proyectos fue: “no se trata de que sepas hacer todo lo que se ha de hacer para llegar a tu objetivo, se trata de que te acompañes de los profesionales que saben hacer aquello que tu quieres conseguir.”

Es importante conocer el qué y el cómo, informarse del proceso para llegar al resultado, pero no es imprescindible que desde el emprendimiento estemos desarrollando actividades que nos suponen apartarnos del foco y de la motivación real.

Son demasiadas fantasías y fábulas las que hay alrededor del ecosistema del emprendimiento. Desde la ilusión de que quien emprende ha de hacerlo todo, hasta la idea qué si no eres un proyecto apetecible para una incubadora o lanzadera, tan solo te queda respirar hondo y empezar una carrera de obstáculos.

En estas circunstancias, cogiendo aire para la carrera que tenemos delante, empezamos a perder fuelle cuando hacemos una inmersión en redes sociales y empiezan a aparecer infinidad de cursos para hacer una web, un e-commerce, un plan de marketing, una excelente comunicación, desarrollar el branding perfecto, construir un logo con impacto, mejorar tus finanzas. Y además hay especialistas, muy buenos, que llegan a llamarte “iluso o ilusa” por no saber todavía cómo hacer una web o como diseñar un logo.

Formaciones que van desde los 29,00€ hasta los 3.000,00€ para ser el gran conocedor o la gran experta de algo que quizás es un 10% de nuestro proyecto, y para el que podemos encontrar soluciones más adecuadas a nuestra idea o a nuestra empresa.

La facilitación y el acompañamiento ayudan no tan solo en la orientación y el desarrollo de una marca, también en la identificación de necesidades y en la búsqueda de los partners adecuados, enfocando el encargo de la externalización a lo realmente necesario, y no tomando “packs” prefabricados.

La externalización de servicios es una manera de ir desarrollando la marca, la empresa, a los retos que se le plantean, ajustando la estructura de costes a cada momento. No se trata de “conseguir barato” un recurso externo, si no de encajar reto, proveedor y solución a medida de los recursos propios y la filosofía del proyecto.

Seguro que estás pensando que también es un esfuerzo considerable en inmersión de horas la búsqueda de ciertos colaboradores externos, después explicarles el proyecto, la marca y/o el producto, hacer un brief en condiciones para que no aparezcan sorpresas, etc… Por nuestra experiencia, si ponemos en una balanza de tiempo/inversión y comparamos la autoformación con la preparación de una reunión, sale ganando la segunda opción, ya que no tan solo lo estamos haciendo una búsqueda de un recurso necesario para nuestra empresa, si no que además estamos practicando, revisando y validando sobre nuestro propio proyecto. La formación es necesaria, no hay duda, como base de conocimiento, como desarrollo personal y profesional, para tener una visión global sobre un tema o herramienta.

Desde la facilitación, la primera persona que se pone la camiseta con el logo de tu empresa es el facilitador o facilitadora; para él o ella es totalmente imprescindible hacerlo, forma parte de la manera de hacer las cosas. Y desde esta visión pondrá en marcha sus recursos de experiencia y contactos para ayudar en matching de profesionales cuando sea necesario o en el acompañamiento en aquellas áreas que sea necesario.

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